Nunca en la existencia se hubiese imaginado que un hombre pudiera pensar en crear el peor genocidio en la historia. Se supone que los hombres se distinguen de entre los animales por el simple hecho de que piensan y sienten, sin embargo con el holocausto queda comprobado que el hombre es capaz de hacer cualquier cosa rebajándose a una condición peor que un animal salvaje.
Viktor Frankl, psicoanalista vienés, vivió la peor de sus experiencias en los campos de concentración creados en la Segunda Guerra Mundial por uno de los líderes más temibles y abominables del siglo XX. No pudiendo negar su vocación, analizó las reacciones del hombre frente a las condiciones físicas y psicológicas más extremas.
Pensar que un día se está bien, en casa, con familia y una carrera hecha, y al otro, se está prisionero, sabe Dios por qué, viviendo la angustia e incertidumbre de hacia dónde se dirige su vida ahora que privada de su libertad, se somete arbitrariamente a los alemanes que en ese momento dominaban una guerra carente de lucidez.
El internamiento del campo fue la primera fase por la que pasaron los judíos, llenos de dudas obedecían las órdenes de movilización, sin saber a dónde irían y qué harían, sin embargo nunca perdieron la esperanza de que en cualquier momento fueran liberados; sus pertenencias más valiosas las llevaban consigo, sin saber que era su vida la que tenían que proteger.
A los que con “suerte” les tocó marchar a la derecha, vivieron las más terribles vejaciones, al ir descubriendo de que poco a poco al quitarse la ropa, se iban desprendiendo de su dignidad humana, al verse desnudos de esperanza. Las necesidades básicas de alimentación que fueron siempre insuficientes, los debilitaba no sólo de fuerzas sino de aquella moral que en otros tiempos les hubiese hecho respetar la muerte.
Poco a poco se les iba apagando el alma, muchos optaron por “lanzarse a la alambrada” no encontrando la luz al final del túnel, y aquellos que decidían quedarse, no era por valentía, sino por el deseo de poder algún día ver su familia, a pesar de padecer el peor de los hambres, insultos, golpes y torturas.
Todo se volvía gris, la agonía no sólo de sus cuerpos sino de sus corazones, se apoderaba día con día de ellos, el sueño era mejor que la realidad, así que preferían dormir y pensar que algún día despertarían de esa pesadilla.
2o. Reporte
"La vida es como visitar al dentista. Se piensa siempre que lo peor está por venir, cuando en realidad ya ha pasado." Bismarck
Esa mala costumbre de pensar siempre en el pasado o futuro, nos aleja mucho del presente, pensando que todavía no se ha vivido lo peor, cuando en realidad cada evento de nuestras vidas, nos ha dejado una experiencia que podemos aplicar en el presente y convertirlo en una oportunidad y un desafío que bien se puede traducir en victorias, llenando nuestra vida de triunfos internos.
Sin embargo, decirlo suena fácil, pero cuando se reciben insultos, humillaciones y vejaciones como "¿Es que no podéis daros prisa, cerdos?" Parece que la vida no tiene sentido, y es el espíritu el que te va dando fuerza para soportar condiciones inhumanas, desagraciadamente, son pocos los que tienen fortaleza espiritual; Viktor Frankl menciona que “Cada hombre, aun bajo condiciones tan trágicas, guarda la libertad interior de decidir quién quiere ser -espiritual y mentalmente-, porque incluso en esas circunstancias es capaz de conservar la dignidad de seguir sintiendo como un ser humano”
¿Por qué no se suicida usted? Es la primera pregunta que Viktor Frankl les pregunta a sus pacientes una vez que salió del campo de concentración. ¿Qué contestaríamos nosotros? ¿Qué es lo que nos ata en esta vida? ¿Por qué debo seguir viviendo? Requiere de tiempo y reflexión saber cuál es nuestra misión en la tierra y para qué estamos aquí. Creo firmemente que todo ser humano necesita creer, necesita saber que la vida nos fue dada para algo, no para que esperemos algo de ella, sino que la vida espere algo de nosotros.
Experiencias como las vividas en un campo de concentración, sirven para la humanidad no se quede con los brazos cruzados, no podemos permitir otro holocausto de esa magnitud, suficiente con el holocausto interno con el que viven muchísimas personas que carecen de lo necesario, que no tienen dónde vivir, que no saben quién o para que las trajeron a este mundo, que no tienen la oportunidad de recibir un cariño todos los días, que no saben lo que es amor de padre.
Son pocos los que tienen la suerte de no padecer carencias, pero seguro son suficientes, para poder generar un cambio en el mundo, aunque parezca que el mundo está en su contra. Quizá Viktor Frankl nunca pensó que compartir sus reflexiones cambiaría la vida de muchas personas.
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